jueves, 20 de junio de 2019

María Teresa Andruetto


María Teresa Andruetto

Nació en Arroyo Cabral, Provincia de Córdoba (Argentina), el 26 de enero de 1954, hija de inmigrantes italianos (piamonteses). Pasó su infancia en la localidad de Oliva, Córdoba.
  Es la primera escritora argentina y en lengua española en ganar el premio Hans Christian Andersen (2012). Se licenció en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba. Buenos Aires en 1975.
  Cofundadora de CEDILIJ, donde trabajó durante una década como parte del equipo docente y ejecutivo.
   Su narrativa ha sido editada en alemán, gallego, italiano, portugués, turco y chino, y continúa traduciéndose.
  Sus poemas figuran en revistas y antologías nacionales, francesas, italianas, portuguesas, norteamericanas y lituanas.


El Incendio:


En un teatro se declaró un incendio entre bastidores.
El payaso salió para dar la noticia al público, pero éste creyó que se trataba de un chiste y aplaudió con ganas.
 Érase una vez un teatro
 en una ciudad elegante.

 érase un teatro espectacular
 con mujeres rimbombantes
y un incendio singular.

Un incendio rimbombante
con un payaso traficante
 en un teatro medular.
Incendio y tubular.

Pero nadie le creyó.

 El payaso petulante
 en el teatro itinerante
 de  esa ciudad singular,
 repitió lo del incendio,
Rimbombante y tubular.

Elegantes, distinguidas,
Las señoras comedidas

Lo veían delirar.


Lo aplaudían generosas,
Atrevidas y gustosas.


Y el payaso exultante,
 triturado comediante,
 insistía sin parar.

 insistía pero nadie le creía

 y por eso fue que luego
 se  volaron con el fuego


Las señoras elegantes,
 comedidas, petulantes,
Las señoras distinguidas,
Rimbombantes homicidas

 De la ciudad singular.


FIN.


El árbol de lilas.

Él se sentó a esperar bajo la sombra de un árbol florecido de lilas.
Pasó un señor rico y le preguntó: ¿Qué hace sentado bajo este árbol, en vez de trabajar y hacer dinero?
     Y el hombre le contestó:
     Espero.
Pasó una mujer hermosa y le preguntó: ¿Qué hace sentado bajo este árbol, en vez de conquistarme?
     Y el hombre le contestó:
     Espero.
Pasó un niño y le preguntó: ¿Qué hace Usted, señor, sentado bajo este árbol, en vez de jugar?
     Y el hombre le contestó:
     Espero.

     Pasó la madre y le preguntó: ¿Qué hace este hijo mío, sentado bajo un árbol, en vez de ser feliz?
     Y el hombre le contestó:
     Espero.

 Ella salió de su casa.
     Cruzó la calle, atravesó la plaza y pasó junto al árbol florecido de lilas.
     Miró rápidamente al hombre.
     Al árbol.
     Pero no se detuvo.
     Había salido a buscar, y tenía prisa.

     El la vio pasar,
     alejarse,
     volverse pequeña,
     desaparecer.
     Y se quedó mirando el suelo nevado de lilas.

     Ella fue por el mundo a buscar.
     Por el mundo entero.
En el Este había un hombre con las manos de seda.
Ella preguntó:
     ¿Sos el que busco?
     Lo siento, pero no,
dijo el hombre con las manos de seda.
     Y se marchó.

     En el Norte había un hombre con los ojos de agua.
Ella preguntó:
     ¿Sos el que busco?
     No lo creo, me voy,
dijo el hombre con los ojos de agua.
     Y se marchó.

     En el Oeste había un hombre con los pies de alas.
Ella preguntó:
     ¿Sos el que busco?
     Te esperaba hace tiempo, ahora no,
dijo el hombre con los pies de alas.
     Y se marchó.

     En el Sur había un hombre con la voz quebrada.
Ella preguntó:
     ¿Sos el que busco?
     No, no soy yo,
dijo el hombre con la voz quebrada.
     Y se marchó.
   Ella siguió por el mundo buscando, por el mundo entero.
     Una tarde, subiendo una cuesta, encontró a una gitana.
     La gitana la miró y le dijo:
     El que buscas espera, bajo un árbol, en una plaza.

     Ella recordó al hombre con los ojos de agua, al que tenía las manos de seda, al de los pies de alas y al que tenía la voz quebrada.
     Y después se acordó de una plaza, de un árbol que tenía flores lilas, y del hombre que estaba sentado a su sombra.
Entonces se volvió sobre sus pasos, bajó la cuesta, y atravesó el mundo. El mundo entero.
     Llegó a su pueblo, cruzó la plaza, caminó hasta el árbol y le preguntó al hombre que estaba sentado a su sombra:
     ¿Qué hacés aquí, sentado bajo este árbol?
Y el hombre dijo con la voz quebrada:
    Te espero.
     Después él levantó la cabeza y ella vio que tenía los ojos de agua,
    la acarició y ella supo que tenía las manos de seda,
    la llevó a volar y ella supo que tenía también los pies de alas.
FIN.

síntesis argumental:
Una mujer sale en busca del amor y se cruza,
durante el recorrido, con distintos personajes. Final-
mente, después de una larga espera y una intensa
búsqueda, regresa al punto de partida donde se
encuentra con un hombre que también esperaba a
su amor, bajo la sombra de un árbol.

Lección de piano

Brilla el asfalto como un vestido de seda 
bajo las luces de un teatro. Otra vez marzo
en la avenida que lleva a la maestra de piano.


La llovizna humedece los silos, la alameda,
la resaca de la noche en el billar. Alguien seca al sol las fachadas de laja en las casas
del centro. Levantan puntos de media
las chicas de Los Vascos y el verano
peina el pelo en colas de caballo. Cuando 
Sea grande, seré concertista, dice a todos
la niña que va a piano. Serás profesora,
dice la madre a la vuelta de los años. Piensa
en eso la niña mientras muerde la madera
del piano. Va su pensamiento lejos del pueblo,
más allá de la maestra y del verano.
FIN.

Zapatero Pequeñito


Un zapatero que no tenía hijos encontró un niño dimunto y lo llevó a su casa.
Aunque el niño era pequeño como un trompo, ayudaba en la zapatería, tanto que la gente comenzó a llamarlo Zapatero pequeñito.




Vivieron felices el hombre y el niño, hasta que el zapatero murió.

Después los parientes se llevaron cuero y aguja de coser zapatos y el zapaterito se quedó sin nada.


Por aquel tiempo,el rey enfermo y los médicos dijeron que lo curaría una pluma del Ogro que vivía montaña  arriba. —es un remedio difícil, magestad— dijo el médico —porque el ogro, Cristiano que ve, cristiano que se come—.el rey pidió a uno y a otro si se atrevía a ir  pero nadie quiso, hasta que uno de ellos se acordó de zapatero pequeñito.—                              ¿por que él?—preguntó el rey— por que es tan pequeño, que el Ogro no lo verá dijo uno—.
—porque está solo y nadie lo espera —dijo otro.
—porque tiene hambre— dijo el tercero 

Uno de los guardianes buscó a zapatero pequeñito y le teansmitio el pedido del rey.
Por la mañana el niño salió en busca de una pluma del Ogro.camino todo el día, hasta que vio una posada y entro a descansar.—¿que hace aquí un niño tan pequeño?—pregunto el posadero, mientras le ofreció arroz en un plato de un tamaño de un botón. —voy en busca de una pluma del Ogro, para que se cure el rey. 

El posadero puso unas migas de pan en el bolsillo del zapaterito y le dijo: —¡oh! También yo quisiera una, porque me duele la espalda de tanto fregar los jarros y el corazón de tanto esperar que regrese la hija que me robaron. 
Por la mañana , Zapatero pequeñito siguió su camino en busca de plumas de Ogro para curar al rey y al posadero. 

Atravesó los cerros hasta encontrar un río caudaloso y le pidió a un barquero que lo cruzara. 
Cuando llegaron a la otra a la orilla el barquero abrió la mano para que bajara el zapaterito y, mientras le daba una almendra, preguntó: 
-¿Que hace aquí un niño tan pequeño?
-Voy en busca de una pluma del Ogro para que se cure el rey. 
-¡Oh! También yo quisiera una por que me duelen las piernas de tanto estar sentado en esta barca. 

Por la mañana Zapatero pequeñito siguió su camino en busca de plumas para curar al rey, el posadero y el barquero, hasta que llegó a una ciudad y se sentó junto a una fuente a comer las migas de pan que le había dado el posadero y la almendra que le había dado el barquero. 

En eso estaba cuando lo descubrió un barquero y le preguntó: 
-¿Qué hace aquí un niño tan pequeño?
-Voy en busca de una pluma del Ogro para que se cure el rey- dijo Zapatero pequeñito. 
-¡Oh! También yo quisiera una por que me duele la cabeza de tanto sacar cuentas -dijo el banquero y ofreció su dedo meñique, y nada más que su dedo, para que el zapaterito bajara al suelo. 

Por la mañana Zapatero pequeñito siguió su camino en busca de plumas para curar al rey, el posadero, el barquero y al barquero, hasta que llegó a un convento y llamó a la puerta. Salió a abrirle un misionero. 
El misionero lo hizo pasar, puso en la mesa tortitas de miel del tamaño de una lenteja y una taza de leche no más grande que un dedal, y le preguntó: 
-¿Que hace aquí un niño tan pequeño?
-Voy en busca de una pluma, pero el Ogro es más alto que el techo, más Gordo que diez caballos y más ruidoso que el trueno! 
-dijo el misionero.
Zapatero pequeñito contesto muy preocupado: 
-¡No había pensado en eso! 
-Te daré una ayuda, Zapaterito ingenuo- dijo el misionero-, en lo alto de la montaña hay siete cuevas, en la séptima vive el Ogro.
Debes ir por la tarde cuando el no está, por que si te ve, te tragara de un bocado. 

Por la tarde Zapatero pequeñito subió la montaña, contó las cuevas y se metió en la séptima. Golpeó.
Salio una muchacha que tenía los ojos verdes y el pelo largo. 
-¡¿Que haces aquí!? 
-¡¿Nadie te dijo que el Ogro, cristiano que ve cristiano que se come!?-pregunto asustada la muchacha.
-Con la ayuda de un misionero vine en busca de plumas para curar al rey, y a un posadero, un parquero y un banquero-contesto el Zapaterito, y ahora que llegue, no me iré sin conseguirlo. 
-¡Oh! ¡Quisiera ayudarte! -dijo la muchacha- Así podría escapar yo también. Te esconderé bajo la cama y cuando el se acueste, le arrancaré las plumas, ¿Cuántas tengo que arrancarle? 
-Cuatro- dijo Zapatero pequeñito y contó con pelos y señales lo que le había contado el posadero, el barquero, el banquero y el misionero.

En ese momento llego el Ogro y el Zapaterito corrió a esconderse.
El ogro olfatio y dijo:
-Sabroso, sabrosito siento olor a cristianito.
Está aquí o aquí ha estado, o estuvo y ha escapado.

-¡Que bobada!-dijo la muchacha- del hambre que te ha dado se te arruinó el olfato. 
Y le ofreció un gran puchero. 
El Ogro comió hasta quedar pipon; después le dio sueño y se acostó. 
La muchacha espero a que se durmiera, le arrancó una pluma y se la paso a Zapatero pequeñito que estaba escondido bajo la cama.
-¡Me desploman!- grito el Ogro
-Soy yo, estaba soñando-dijo la muchacha.
-¿Que soñabas?
-Soñé que un banquero le dolía la cabeza.
-Para que no le duela debe dejar de contar dinero-dijo el Ogro.

Al cabo de un rato, la muchacha le quito otra pluma y se la paso a Zapatero pequeñito que estaba escondido abajo de la cama. 
-¡Me despluman!-grito el Ogro.
-Soy yo, estaba soñando-dijo la muchacha.
-Que soñabas?
-Soñé que un barquero no podía salir de su barca. 
-Para salir debe atar con cadenas al primero que suba a la barca y dejarlo abandonado. 

Al cabo de un rato, la muchacha le quito otra pluma y se la paso a Zapatero pequeñito que estaba escondido abajo de la cama. 
-¡Me despluman! 
-Soy yo estaba soñando
-¿Que soñabas?
-Soñé con un posadero que sufre por qué hace año que le han robado a su hija. 
-Soñaste con tu padre por que yo te saque de tu casa y te traje a la mía -dijo el Ogro, ya despierto, riendo a carcajadas.
Por la mañana cuando el Ogro se levantó y salió a comer gente, Zapatero pequeñito y la muchacha de ojos verdes escaparon.
Pasaron junto al misionero y le dieron las gracias.
Pasaron junto al banquero y, aunque no le había dado al Zapaterito ni una mísera moneda, le entregaron la pluma para que sanará su cabeza.
Pasaron junto al barquero y le entregaron la pluma para que sanará su espalda. 
Llegaron a la posada y el Zapaterito le entrego la muchacha de ojos verdes al posadero, y ya no hizo falta pluma para que al posadero se le curara el corazón. 
Después Zapatero pequeñito se despidió del padre y de la hija y siguió en viaje hasta donde estaba el rey. 

Y le entrego la pluma. 
Y le agradecieron tanto, tanto, que el Zapaterito se volvió grande.

FIN.

miércoles, 19 de junio de 2019

Anthony Browne

Biografía de Anthony Browne



Anthony Browne nació en Sheffield, Inglaterra, el 11 de septiembre de 1946. Aunque estudió diseño gráfico, en realidad quería ser pintor. En sus comienzos se dedicó a hacer ilustraciones médicas, postales y trabajos de publicidad. Finalmente se fascinó con los libros para niños y, desde entonces, lleva más de 20 años ilustrando para ellos. Ha producido más de cincuenta libros y en todos invita a sus lectores a desarrollar su capacidad de observación. Anthony Browne ha ganado muchos premios por su trabajo: la Medalla Kate Greenaway, el premio Kurt Maschler, el premio Dutch Silver Pencil y, en el año 2000, el Hans Christian Andersen (el “premio Nobel” de la literatura infantil y juvenil).
  Recientemente recibió el Children’s Laureate, que lo convierte en un embajador y promotor del la literatura y de los libros para niños. Through the Magic Mirror es el nombre de su primer libro, publicado en 1976 por Hamish Hamilton. Así seguirá editando otros libros más hasta alcanzar su primer gran éxito, Gorila, con el que consigue varios premios importantes: Emill/Kurt Maschler Award, Kate Greenaway Medal, New York Times Illustrated Book y Boston Globe Award Honour Book. Actualmente, Anthony Browne es considerado uno de los principales creadores de libros-álbum en el mundo y ha sido traducido a más de quince idiomas. El IBBY (International Board on Books for Young People) le otorgó el Premio Hans Christian Andersen 2000 en la categoría "Ilustrador" por la totalidad de su obra. Desde junio de 2001 a marzo de 2002, Browne trabajó como escritor e ilustrador residente en la Tate Gallery, un importante museo de arte de Londres. Allí, como parte del proyecto Caminos Visuales –desarrollado por el museo en colaboración con el Instituto de Educación británico– el autor tomó contacto con un millar de niños de escuelas de zonas marginales para realizar actividades de lectura y escritura utilizando los recursos de la Tate Gallery. Fruto de esta experiencia ("que cambió mi vida para siempre"), Browne realizó El juego de las formas, un libro en el que aborda el tema de las reacciones humanas frente a las obras de arte.



El túnel:

  Había una vez , un hermano y una hermana que no se parecían en nada, eran diferentes en todo.
 La hermana se quedaba en casa, leía y soñaba.
 El hermano jugaba afuera con sus amigos, reía y gritaba , pateaba y lanzaba la pelota, brincaba y reposaba.
  Por las noches el dormía profundamente en su cuarto.
   Ella permanecía despierta, acostada, escuchando  los ruidos de la noche.
 A veces, él entraba a gatas al cuarto de ella para asustarla, pues sabía que a su hermana le daba miedo la oscuridad.
 Cuando estaban juntos peleaban todo el tiempo, y discutían, y alegaban casi a gritos.
 Una mañana su mamá perdió la paciencia con ellos y les dijo:
“ ¡váyanse juntos, y traten de llevarse bien y de ser amables uno con otros por lo menos una vez, y regresen a tiempo para la comida!”
 Pero el niño no quería que su hermana lo acompañara.
El niño dice:
-¿Por qué tenés que venir?


-No es mi culpa, yo no quería venir a este horrible lugar, me da miedo. (responde ella)






-¡eres una nenita!, Todo te da miedo..  (dijo él.)
Poco después le grita a su hermana
-¡Ey! Ven acá
Ella caminó hacia él
-miraa, un túnel, ven, vamos.. vamos a ver qué hay del otro lado
(dijo él)
-mm..No, no debes hacerlo, ahí puede haber brujas o duendes o cualquier otra cosa..
-no seas tonta, esas son cosas de niños
-tenemos que estar de regreso en casa a la hora de comer





A la niña le daba miedo el  túnel y decidió esperar hasta que su hermano saliera de nuevo. Esperó y esperó, pero él no salía y ella sentía ganas de llorar, casi se le salían las lágrimas.
-¿qué puedo hacer? Mi hermano se fue por el túnel, ¿lo sigo? ¿lo espero aquí? ¿qué hago?(Se preguntaba a ella misma)
Tuvo que seguirlo por el túnel.

 El túnel estaba oscuro y húmedo y resbaladizo.
  Del otro lado ella se encontró con un bosque tranquilo, no había ni rastros de su hermano.

Pero el bosque pronto se convirtió en una selva oscura, ella empezó a pensar en lobos y gigantes y brujas y quería regresar, pero no podía, ¿ qué sería de su hermano si ella se regresara?.

 Ya estaba muy asustada, y empezó a correr, más y más a prisa cada vez.



Cuando se dió cuenta que ya no podía correr más, llegó a un claro en el bosque, había una figura inmóvil como de piedra.


-¡Oh, no! Llegue demasiado tarde (dice la niña llorando)
Abrazó a la figura dura y fría, y lloró, y poco a poco la figura empezó a cambiar de color y se hizo más suave y más tibia, entonces lentamente empeza moverse. Era su hermano.
-¡Rosa! Yo sabría que vendrías (dice él)
Corrieron de regreso, atravesaron la selva y cruzaron el bosque, entraron al túnel y salieron de él, juntos los dos.
 Cuando llegaron a su casa, su mamá estaba poniendo la mesa
-Hola, los noto muy callados, ¿ está todo bien? (Pregunta la mamá)
Rosa le sonrió a su hermano y juan le sonrió a ella también.
FIN.
- Anthony Browne-

Willy y hugo


Willy se sentía solo, todos tenían amigos, todos menos Willy.
 No lo dejaban participar en sus juegos, todos decían que el era un inútil.
Un día Willy paseaba por el parque, pensando en sus cosas y Hugo Gorilón venía corriendo...
¡SMACK! chocó con él.

 










-Lo siento -Dijo Hugo.
 Willy estaba sorprendido.
-Yo soy quién lo siente -Dijo -No me fijé por donde iba.
-No, no, fue mi culpa - Dijo Hugo -Yo no ví por donde iba. Lo siento.
Hugo ayudó a Willy a levantarse.
 Se sentaron a ver pasar a los corredores.
-Parece que de veras se están divirtiendo- Dijo Hugo.
Willy se rió.

 Buster el Narizotas apareció.


-Te he buscado a tí, debilucho- dijo haciendo un gesto.
Hugo se levantó.
-¿Te puedo ayudar en algo? - Le preguntó.
Buster se fue, muy de prisa.

 Entonces Willy y Hugo decidieron ir al Zoológico,


Después fueron a la biblioteca y Willy le leyó un libro a Hugo.
Cuando habían salido de la biblioteca, Hugo se detiene de repente, había visto a una criatura horripilante.
-¿Puedo ayudarte en algo? - Dijo Willy
Y con cuidado sacó la araña de donde estaba.
 Willy se sintió muy satisfecho con él mismo.
-¿Nos vemos mañana? -Preguntó Hugo.
- Sí, me gustaría mucho. - Dijo Willy.
Y así fue.
FIN.
-Anthony Browne-

Willy el soñador

 A veces Willy sueña que es una estrella de cine, o un cantante, o un luchador de zumo, un bailarín de ballet, Willy sueña...


A veces Willy  sueña Que es un pintor, o un explorador, o un buzo, Willy sueña...
A veces Willy sueña que no puede correr, Pero puede volar. Que es un gigante, o es pequeñito.
A veces Willy sueña que es un pordiosero...
...o un rey.
Que está en un paisaje extraño...
...o en el mar.
A veces Willy sueña con monstruos feroces o con superhéroes, sueña con el pasado y otras veces con el futuro.
Willy sueña que es un escritor como Anthony Browne.
Cuéntame, y tú... ¿qué sueñas?

FIN.
-Anthony Browne-

Cosita Linda

había una vez, un gorila muy especial, al que le enseñaron lenguaje de señas.
 Cuando quería algo se lo pedía a sus cuidadores haciendo señas con las manos, parecía tenerlo todo.
Pero estaba triste, un día le dijo a sus cuidadores "Yo quiero amigo".
en el zoológico no había mas gorilas y los cuidadores no sabían que hacer, entonces uno de ellos tuvo una idea.
le encontraron una pequeña amiga llamada "Linda".
-No te la comas -le dijo uno de los cuidadores.
el gorila se encariñó con Linda, le daba leche y miel.
Eran felices.
Hacían TODO juntos.

Fueron felices mucho tiempo.

Hasta una noche, que estaban viendo una película y el gorila cada vez más enojado, terminó por enfurecerse.

Los cuidadores entraron corriendo a la habitación,  
- ¿Quién rompió la televisión? -Preguntó uno.
-Vamos a llevarnos a Linda!-Dijo otro.
El gorila miró a linda. Linda miró al gorila.
Entonces ella comenzó a hablar con señas 
-Fuí yo, ¡YO LA ROMPÍ!
Todos rieron, ¿y sabes qué paso?
Linda y el gorila vivieron felices para siempre.
FIN.
-Anthony Browne-

martes, 18 de junio de 2019

Cuentos, poema, y poesía de Javier Villafañe

La vuelta al mundo


Una vez un chico que se llamaba Santiago salió de su casa en un triciclo para dar la vuelta alrededor del mundo.
Iba pedaleando por la vereda y en el camino se encontró con un perro y un gato y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Voy a dar la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los dos?
–Sí, vengan.
Y el perro y el gato se pusieron detrás del triciclo.

Santiago siguió pedaleando y se encontró con un gallo, un conejo y un caracol y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los tres?
–Sí, vengan.
Y el gallo, el conejo y el caracol se pusieron detrás del perro y el gato que iban detrás del triciclo.

Santiago pedaleaba y el triciclo iba a toda velocidad. En el camino se encontró con una hormiga, una vaca, un grillo y una paloma y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los cuatro?
–Sí, vengan.
Y la hormiga, la vaca, el grillo y la paloma se pusieron detrás del gallo, el conejo y el caracol que iban detrás del perro y el gato.

Santiago pedaleaba y el triciclo iba a toda velocidad. En una curva se encontró con un camello, una tortuga, un caballo, un elefante y un pingüino y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los cinco?
–Sí, vengan.
Y el camello, la tortuga, el caballo, el elefante y el pingüino se pusieron detrás de la hormiga, la vaca, el grillo, la paloma, el gallo, el conejo y el caracol que iban detrás del perro y el gato.

Santiago siguió pedaleando y de pronto frenó el triciclo. Se detuvo para ver un charco que había hecho la lluvia y dijo:
–Es un río que está buscando barcos.
Y el perro, el gato, el gallo, el conejo, el caracol, la hormiga, la vaca, el grillo, la paloma, el camello, la tortuga, el caballo, el elefante y el pingüino se detuvieron y miraron el río que había hecho la lluvia.

Santiago puso el triciclo en marcha y se encontró con una jirafa, un loro, un cordero, un león, un mono y una cigüeña y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los seis?
–Sí, vengan.
Y la jirafa, el loro, el cordero, el león, el mono y la cigüeña se pusieron detrás del camello, la tortuga, el caballo, el elefante, el pingüino, la hormiga, la vaca, el grillo, la paloma, el gallo, el conejo y el caracol que iban detrás del perro y el gato.

Santiago siguió pedaleando y frenó el triciclo para ver un molino. Todos miraron el molino.
–Está quieto –dijo el caballo–. No mueve las aspas.
–No mueve las aspas porque no hay viento –dijo el gallo.
–Es inútil –se lamentó la hormiga–. Por más que me ponga en puntas de pie jamás podré ver un molino. Está muy alto.
Y la jirafa le dijo a la hormiga:
–Lo verás subiéndote sobre mi cabeza.

La jirafa inclinó el cuello y apoyó la cabeza a un lado del triciclo: la hormiga avanzó unos pasos y subió por la frente de la jirafa. Entonces la jirafa levantó el cuello y desde lo alto exclamó la hormiga:
–¡Qué hermoso es un molino! Nunca había visto un molino.
La jirafa encogió el cuello, bajó la cabeza a ras del suelo y la hormiga volvió a pisar la tierra. Y cuando la hormiga se puso en fila, detrás de la vaca, Santiago siguió pedaleando y al llegar a la puerta de su casa frenó el triciclo y dijo:
–Hemos dado la vuelta alrededor del mundo.
Y allí se despidieron. Unos se fueron caminando; otros, volando.
Santiago entró en su casa. Había dado la vuelta alrededor de la manzana.

FIN 



Los sueños del sapo



Una tarde, un sapo dijo:
-Esta noche voy a soñar que soy árbol-. Y dando saltos, llegó a la puerta de su cueva. Era feliz; iba a ser árbol esa noche.
Todavía andaba el sol girando en la rueda del molino. Estuvo un largo rato mirando al cielo. Después bajó a la cueva; cerró los ojos y se quedó dormido.
Esa noche el sapo soñó que era árbol.
A la mañana siguiente contó su sueño. Más de cien sapos lo escuchaban.
-Anoche fui árbol –dijo-; un álamo. Tenía nidos. Tenía raíces hondas y muchos brazos como alas; pero no podía volar. Era un tronco delgado y alto que subía. Creí que caminaba, pero era el otoño llevándome las hojas. Creí que lloraba, pero era la lluvia. Siempre estaba en el mismo sitio, subiendo, con las raíces sedientas y profundas. No me gustó ser árbol.
El sapo se fue; llegó a la puerta y se quedó descansando debajo de una hoja de acelga.
Esa tarde el sapo dijo:
-Esta noche voy a soñar que soy río.
Al día siguiente contó su sueño. Más de doscientos sapos formaron rueda para oírlo.
-Fui río anoche –dijo-. A ambos lados, lejos, tenía las riberas. No podía escucharme. Iba llevando barcos. Los llevaba y los traía. Eran siempre los mismos pañuelos en el puerto. La misma prisa por partir, la misma prisa por llegar. Fue una lástima. No vi una sola sirena; siempre vi peces; nada más que peces. No me gustó ser río.
Y el sapo se fue. Volvió a la huerta y descansó entre cuatro palitos que señalaban los límites del perejil.
Esa tarde el sapo dijo:
-Esta noche voy a soñar que soy caballo.
Y al día siguiente contó su sueño. Más de trescientos sapos lo escucharon. Algunos vinieron desde muy lejos para oírlo.
-Fui caballo anoche –dijo-. Un hermoso caballo. Tenía riendas. Iba llevando un hombre que huía. Iba por un camino largo. Crucé un puente, un pantano; toda la pampa bajo el látigo. Oía latir el corazón del hombre que me castigaba. Bebí en un arroyo. Vi mis ojos de caballo en el agua. Me ataron a un poste. Después vi una estrella grande en el cielo; después el sol; después un pájaro que se posó sobre mi lomo. No me gustó ser caballo.
Otra noche soñó que era viento. Y al día siguiente, dijo:
-No me gustó ser viento.
Soñó que era luciérnaga, y dijo al día siguiente:
-No me gustó ser luciérnaga.
Después soñó que era nube y dijo:
-No me gustó ser nube.
Una mañana los sapos lo vieron muy feliz a la orilla del agua.
-¿Por qué estás tan contento? –le preguntaron.
Y el sapo respondió:
-Anoche tuve un sueño maravilloso. Soñé que era sapo.

                            FIN

POESÍA: POBRE CABALLITO




Pobre caballito, caballito blanco.
Colita rabona, barriga de trapo.
Pobre caballito que está fatigado
de andar todo el día siguiendo los pasos
de este niño mío que se ha desvelado.
Pobre caballito, caballito blanco.
Ojitos de vidrio, patitas de palo.
¡Mira cómo quiere dormir en tus brazos!
¡Cómo pide el pobre caballito blanco que tengas, mi niño,
los ojos cerrados!
Colita rabona, barriga de trapo.
Duerme, que ya el pobre caballito blanco
buscó por almohada tu pecho rosado.
No te muevas, hijo, vas a despertarlo.
Ojitos de vidrio, patitas de palo.

                    FIN

POEMA: EL GALLO PINTO 


Pintín Pintonero
pitando en un pito,
me dijo una tarde
que era el Gallo Pinto,
el de la cresta roja, 
el del largo pico,
plumas de colores
y cuerpo chiquito.

—Pintón Pintonero
del buen Gallo Pinto
¿quiénes son los padres?

—Pintores de oficio
y con muchas pintas
pintaron al hijo.

—¿Quién es la madrina?
—Quién es el padrino?

—Una bataraza 
y un gallo vecino.

—¿Se hizo mucha fiesta
cuando fue el bautismo?

—Se bailó tres noches
a orillas del río.
Por piano una rana,
por violín un grillo.
La luna en un árbol,
la madre en el nido.

-Pintín Pintonero,
¿canta el Gallo Pinto? 

—El canto que canta
yo pito que pito


                                  
                                   FIN



Cuentos de Gustavo Roldán y Javier Villafañe