María Teresa Andruetto
Nació en Arroyo Cabral, Provincia de Córdoba (Argentina), el 26 de enero de 1954, hija de inmigrantes italianos (piamonteses). Pasó su infancia en la localidad de Oliva, Córdoba.Es la primera escritora argentina y en lengua española en ganar el premio Hans Christian Andersen (2012). Se licenció en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba. Buenos Aires en 1975.
Cofundadora de CEDILIJ, donde trabajó durante una década como parte del equipo docente y ejecutivo.
Su narrativa ha sido editada en alemán, gallego, italiano, portugués, turco y chino, y continúa traduciéndose.
Sus poemas figuran en revistas y antologías nacionales, francesas, italianas, portuguesas, norteamericanas y lituanas.
El Incendio:
En un teatro se declaró un incendio entre bastidores.
El payaso salió para dar la noticia al público, pero éste
creyó que se trataba de un chiste y aplaudió con ganas.
Érase una vez un
teatro
en una ciudad
elegante.
érase un teatro
espectacular
con mujeres
rimbombantes
y un incendio singular.
Un incendio rimbombante
con un payaso traficante
en un teatro medular.
Incendio y tubular.
Pero nadie le creyó.
El payaso petulante
en el teatro
itinerante
de esa ciudad singular,
repitió lo del
incendio,
Rimbombante y tubular.
Elegantes, distinguidas,
Las señoras comedidas
Lo veían delirar.
Lo aplaudían generosas,
Atrevidas y gustosas.
Y el payaso exultante,
triturado comediante,
insistía sin parar.
insistía pero nadie
le creía
y por eso fue que
luego
se volaron con el fuego
Las señoras elegantes,
comedidas,
petulantes,
Las señoras distinguidas,
Rimbombantes homicidas
De la ciudad singular.
FIN.
El árbol de lilas.
Él se sentó a esperar bajo la sombra de un árbol florecido
de lilas.
Pasó un señor rico y le preguntó: ¿Qué hace sentado bajo
este árbol, en vez de trabajar y hacer dinero?
Y el hombre le
contestó:
Espero.
Pasó una mujer hermosa y le preguntó: ¿Qué hace sentado bajo
este árbol, en vez de conquistarme?
Y el hombre le
contestó:
Espero.
Pasó un niño y le preguntó: ¿Qué hace Usted, señor, sentado
bajo este árbol, en vez de jugar?
Y el hombre le
contestó:
Espero.
Pasó la madre y
le preguntó: ¿Qué hace este hijo mío, sentado bajo un árbol, en vez de ser
feliz?
Y el hombre le
contestó:
Espero.
Ella salió de su
casa.
Cruzó la calle,
atravesó la plaza y pasó junto al árbol florecido de lilas.
Miró rápidamente
al hombre.
Al árbol.
Pero no se
detuvo.
Había salido a
buscar, y tenía prisa.
El la vio pasar,
alejarse,
volverse pequeña,
desaparecer.
Y se quedó
mirando el suelo nevado de lilas.
Ella fue por el
mundo a buscar.
Por el mundo
entero.
En el Este había un hombre con las manos de seda.
Ella preguntó:
¿Sos el que
busco?
Lo siento, pero
no,
dijo el hombre con las manos de seda.
Y se marchó.
En el Norte había
un hombre con los ojos de agua.
Ella preguntó:
¿Sos el que
busco?
No lo creo, me
voy,
dijo el hombre con los ojos de agua.
Y se marchó.
En el Oeste había
un hombre con los pies de alas.
Ella preguntó:
¿Sos el que
busco?
Te esperaba hace
tiempo, ahora no,
dijo el hombre con los pies de alas.
Y se marchó.
En el Sur había
un hombre con la voz quebrada.
Ella preguntó:
¿Sos el que
busco?
No, no soy yo,
dijo el hombre con la voz quebrada.
Y se marchó.
Ella siguió por el
mundo buscando, por el mundo entero.
Una tarde,
subiendo una cuesta, encontró a una gitana.
La gitana la miró
y le dijo:
El que buscas
espera, bajo un árbol, en una plaza.
Ella recordó al
hombre con los ojos de agua, al que tenía las manos de seda, al de los pies de
alas y al que tenía la voz quebrada.
Y después se
acordó de una plaza, de un árbol que tenía flores lilas, y del hombre que
estaba sentado a su sombra.
Entonces se volvió sobre sus pasos, bajó la cuesta, y
atravesó el mundo. El mundo entero.
Llegó a su
pueblo, cruzó la plaza, caminó hasta el árbol y le preguntó al hombre que
estaba sentado a su sombra:
¿Qué hacés aquí,
sentado bajo este árbol?
Y el hombre dijo con la voz quebrada:
Te espero.
Después él
levantó la cabeza y ella vio que tenía los ojos de agua,
la acarició y ella
supo que tenía las manos de seda,
la llevó a volar y
ella supo que tenía también los pies de alas.
FIN.
FIN.
síntesis argumental:
Una mujer sale en busca del amor y se cruza,
durante el recorrido, con distintos personajes. Final-
mente, después de una larga espera y una intensa
búsqueda, regresa al punto de partida donde se
encuentra con un hombre que también esperaba a
su amor, bajo la sombra de un árbol.
Lección de piano
Brilla el asfalto como un vestido de seda
bajo las luces de un teatro. Otra vez marzo
en la avenida que lleva a la maestra de piano.
La llovizna humedece los silos, la alameda,
la resaca de la noche en el billar. Alguien seca al sol las fachadas de laja en las casas
del centro. Levantan puntos de media
las chicas de Los Vascos y el verano
peina el pelo en colas de caballo. Cuando
Sea grande, seré concertista, dice a todos
la niña que va a piano. Serás profesora,
dice la madre a la vuelta de los años. Piensa
en eso la niña mientras muerde la madera
del piano. Va su pensamiento lejos del pueblo,
más allá de la maestra y del verano.
FIN.
Zapatero Pequeñito
Un zapatero que no tenía hijos encontró un niño dimunto y lo llevó a su casa.
Aunque el niño era pequeño como un trompo, ayudaba en la zapatería, tanto que la gente comenzó a llamarlo Zapatero pequeñito.
Vivieron felices el hombre y el niño, hasta que el zapatero murió.
Después los parientes se llevaron cuero y aguja de coser zapatos y el zapaterito se quedó sin nada.
Por aquel tiempo,el rey enfermo y los médicos dijeron que lo curaría una pluma del Ogro que vivía montaña arriba. —es un remedio difícil, magestad— dijo el médico —porque el ogro, Cristiano que ve, cristiano que se come—.el rey pidió a uno y a otro si se atrevía a ir pero nadie quiso, hasta que uno de ellos se acordó de zapatero pequeñito.— ¿por que él?—preguntó el rey— por que es tan pequeño, que el Ogro no lo verá dijo uno—.
—porque está solo y nadie lo espera —dijo otro.
—porque tiene hambre— dijo el tercero
Uno de los guardianes buscó a zapatero pequeñito y le teansmitio el pedido del rey.
Por la mañana el niño salió en busca de una pluma del Ogro.camino todo el día, hasta que vio una posada y entro a descansar.—¿que hace aquí un niño tan pequeño?—pregunto el posadero, mientras le ofreció arroz en un plato de un tamaño de un botón. —voy en busca de una pluma del Ogro, para que se cure el rey.
El posadero puso unas migas de pan en el bolsillo del zapaterito y le dijo: —¡oh! También yo quisiera una, porque me duele la espalda de tanto fregar los jarros y el corazón de tanto esperar que regrese la hija que me robaron.
Por la mañana , Zapatero pequeñito siguió su camino en busca de plumas de Ogro para curar al rey y al posadero.
Atravesó los cerros hasta encontrar un río caudaloso y le pidió a un barquero que lo cruzara.
Cuando llegaron a la otra a la orilla el barquero abrió la mano para que bajara el zapaterito y, mientras le daba una almendra, preguntó:
-¿Que hace aquí un niño tan pequeño?
-Voy en busca de una pluma del Ogro para que se cure el rey.
-¡Oh! También yo quisiera una por que me duelen las piernas de tanto estar sentado en esta barca.
Por la mañana Zapatero pequeñito siguió su camino en busca de plumas para curar al rey, el posadero y el barquero, hasta que llegó a una ciudad y se sentó junto a una fuente a comer las migas de pan que le había dado el posadero y la almendra que le había dado el barquero.
En eso estaba cuando lo descubrió un barquero y le preguntó:
-¿Qué hace aquí un niño tan pequeño?
-Voy en busca de una pluma del Ogro para que se cure el rey- dijo Zapatero pequeñito.
-¡Oh! También yo quisiera una por que me duele la cabeza de tanto sacar cuentas -dijo el banquero y ofreció su dedo meñique, y nada más que su dedo, para que el zapaterito bajara al suelo.
Por la mañana Zapatero pequeñito siguió su camino en busca de plumas para curar al rey, el posadero, el barquero y al barquero, hasta que llegó a un convento y llamó a la puerta. Salió a abrirle un misionero.
El misionero lo hizo pasar, puso en la mesa tortitas de miel del tamaño de una lenteja y una taza de leche no más grande que un dedal, y le preguntó:
-¿Que hace aquí un niño tan pequeño?
-Voy en busca de una pluma, pero el Ogro es más alto que el techo, más Gordo que diez caballos y más ruidoso que el trueno!
-dijo el misionero.
Zapatero pequeñito contesto muy preocupado:
-¡No había pensado en eso!
-Te daré una ayuda, Zapaterito ingenuo- dijo el misionero-, en lo alto de la montaña hay siete cuevas, en la séptima vive el Ogro.
Debes ir por la tarde cuando el no está, por que si te ve, te tragara de un bocado.
Por la tarde Zapatero pequeñito subió la montaña, contó las cuevas y se metió en la séptima. Golpeó.
Salio una muchacha que tenía los ojos verdes y el pelo largo.
-¡¿Que haces aquí!?
-¡¿Nadie te dijo que el Ogro, cristiano que ve cristiano que se come!?-pregunto asustada la muchacha.
-Con la ayuda de un misionero vine en busca de plumas para curar al rey, y a un posadero, un parquero y un banquero-contesto el Zapaterito, y ahora que llegue, no me iré sin conseguirlo.
-¡Oh! ¡Quisiera ayudarte! -dijo la muchacha- Así podría escapar yo también. Te esconderé bajo la cama y cuando el se acueste, le arrancaré las plumas, ¿Cuántas tengo que arrancarle?
-Cuatro- dijo Zapatero pequeñito y contó con pelos y señales lo que le había contado el posadero, el barquero, el banquero y el misionero.
En ese momento llego el Ogro y el Zapaterito corrió a esconderse.
El ogro olfatio y dijo:
-Sabroso, sabrosito siento olor a cristianito.
Está aquí o aquí ha estado, o estuvo y ha escapado.
-¡Que bobada!-dijo la muchacha- del hambre que te ha dado se te arruinó el olfato.
Y le ofreció un gran puchero.
El Ogro comió hasta quedar pipon; después le dio sueño y se acostó.
La muchacha espero a que se durmiera, le arrancó una pluma y se la paso a Zapatero pequeñito que estaba escondido bajo la cama.
-¡Me desploman!- grito el Ogro
-Soy yo, estaba soñando-dijo la muchacha.
-¿Que soñabas?
-Soñé que un banquero le dolía la cabeza.
-Para que no le duela debe dejar de contar dinero-dijo el Ogro.
Al cabo de un rato, la muchacha le quito otra pluma y se la paso a Zapatero pequeñito que estaba escondido abajo de la cama.
-¡Me despluman!-grito el Ogro.
-Soy yo, estaba soñando-dijo la muchacha.
-Que soñabas?
-Soñé que un barquero no podía salir de su barca.
-Para salir debe atar con cadenas al primero que suba a la barca y dejarlo abandonado.
Al cabo de un rato, la muchacha le quito otra pluma y se la paso a Zapatero pequeñito que estaba escondido abajo de la cama.
-¡Me despluman!
-Soy yo estaba soñando
-¿Que soñabas?
-Soñé con un posadero que sufre por qué hace año que le han robado a su hija.
-Soñaste con tu padre por que yo te saque de tu casa y te traje a la mía -dijo el Ogro, ya despierto, riendo a carcajadas.
Por la mañana cuando el Ogro se levantó y salió a comer gente, Zapatero pequeñito y la muchacha de ojos verdes escaparon.
Pasaron junto al misionero y le dieron las gracias.
Pasaron junto al banquero y, aunque no le había dado al Zapaterito ni una mísera moneda, le entregaron la pluma para que sanará su cabeza.
Pasaron junto al barquero y le entregaron la pluma para que sanará su espalda.
Llegaron a la posada y el Zapaterito le entrego la muchacha de ojos verdes al posadero, y ya no hizo falta pluma para que al posadero se le curara el corazón.
Después Zapatero pequeñito se despidió del padre y de la hija y siguió en viaje hasta donde estaba el rey.
Y le entrego la pluma.
Y le agradecieron tanto, tanto, que el Zapaterito se volvió grande.
FIN.






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