La vuelta al mundo
Una vez un
chico que se llamaba Santiago salió de su casa en un triciclo para dar la
vuelta alrededor del mundo.
Iba
pedaleando por la vereda y en el camino se encontró con un perro y un gato y le
preguntaron:
–¿A dónde
vas, Santiago?
Y Santiago
respondió:
–Voy a dar
la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir
los dos?
–Sí, vengan.
Y el perro y
el gato se pusieron detrás del triciclo.
Santiago
siguió pedaleando y se encontró con un gallo, un conejo y un caracol y le
preguntaron:
–¿A dónde
vas, Santiago?
Y Santiago
respondió:
–Estoy dando
la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir
los tres?
–Sí, vengan.
Y el gallo,
el conejo y el caracol se pusieron detrás del perro y el gato que iban detrás
del triciclo.
Santiago
pedaleaba y el triciclo iba a toda velocidad. En el camino se encontró con una
hormiga, una vaca, un grillo y una paloma y le preguntaron:
–¿A dónde
vas, Santiago?
Y Santiago
respondió:
–Estoy dando
la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir
los cuatro?
–Sí, vengan.
Y la
hormiga, la vaca, el grillo y la paloma se pusieron detrás del gallo, el conejo
y el caracol que iban detrás del perro y el gato.
Santiago
pedaleaba y el triciclo iba a toda velocidad. En una curva se encontró con un
camello, una tortuga, un caballo, un elefante y un pingüino y le preguntaron:
–¿A dónde
vas, Santiago?
Y Santiago
respondió:
–Estoy dando
la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir
los cinco?
–Sí, vengan.
Y el
camello, la tortuga, el caballo, el elefante y el pingüino se pusieron detrás
de la hormiga, la vaca, el grillo, la paloma, el gallo, el conejo y el caracol
que iban detrás del perro y el gato.
Santiago
siguió pedaleando y de pronto frenó el triciclo. Se detuvo para ver un charco
que había hecho la lluvia y dijo:
–Es un río
que está buscando barcos.
Y el perro,
el gato, el gallo, el conejo, el caracol, la hormiga, la vaca, el grillo, la
paloma, el camello, la tortuga, el caballo, el elefante y el pingüino se
detuvieron y miraron el río que había hecho la lluvia.
Santiago
puso el triciclo en marcha y se encontró con una jirafa, un loro, un cordero,
un león, un mono y una cigüeña y le preguntaron:
–¿A dónde
vas, Santiago?
Y Santiago
respondió:
–Estoy dando
la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir
los seis?
–Sí, vengan.
Y la jirafa,
el loro, el cordero, el león, el mono y la cigüeña se pusieron detrás del
camello, la tortuga, el caballo, el elefante, el pingüino, la hormiga, la vaca,
el grillo, la paloma, el gallo, el conejo y el caracol que iban detrás del
perro y el gato.
Santiago
siguió pedaleando y frenó el triciclo para ver un molino. Todos miraron el
molino.
–Está quieto
–dijo el caballo–. No mueve las aspas.
–No mueve
las aspas porque no hay viento –dijo el gallo.
–Es inútil
–se lamentó la hormiga–. Por más que me ponga en puntas de pie jamás podré ver
un molino. Está muy alto.
Y la jirafa
le dijo a la hormiga:
–Lo verás
subiéndote sobre mi cabeza.
La jirafa
inclinó el cuello y apoyó la cabeza a un lado del triciclo: la hormiga avanzó
unos pasos y subió por la frente de la jirafa. Entonces la jirafa levantó el
cuello y desde lo alto exclamó la hormiga:
–¡Qué
hermoso es un molino! Nunca había visto un molino.
La jirafa
encogió el cuello, bajó la cabeza a ras del suelo y la hormiga volvió a pisar
la tierra. Y cuando la hormiga se puso en fila, detrás de la vaca, Santiago
siguió pedaleando y al llegar a la puerta de su casa frenó el triciclo y dijo:
–Hemos dado
la vuelta alrededor del mundo.
Y allí se
despidieron. Unos se fueron caminando; otros, volando.
Santiago
entró en su casa. Había dado la vuelta alrededor de la manzana.
FIN
Los sueños del sapo
Una tarde,
un sapo dijo:
-Esta noche
voy a soñar que soy árbol-. Y dando saltos, llegó a la puerta de su cueva. Era
feliz; iba a ser árbol esa noche.
Todavía
andaba el sol girando en la rueda del molino. Estuvo un largo rato mirando al
cielo. Después bajó a la cueva; cerró los ojos y se quedó dormido.
Esa noche el
sapo soñó que era árbol.
A la mañana
siguiente contó su sueño. Más de cien sapos lo escuchaban.
-Anoche fui
árbol –dijo-; un álamo. Tenía nidos. Tenía raíces hondas y muchos brazos como
alas; pero no podía volar. Era un tronco delgado y alto que subía. Creí que
caminaba, pero era el otoño llevándome las hojas. Creí que lloraba, pero era la
lluvia. Siempre estaba en el mismo sitio, subiendo, con las raíces sedientas y
profundas. No me gustó ser árbol.
El sapo se
fue; llegó a la puerta y se quedó descansando debajo de una hoja de acelga.
Esa tarde el
sapo dijo:
-Esta noche
voy a soñar que soy río.
Al día
siguiente contó su sueño. Más de doscientos sapos formaron rueda para oírlo.
-Fui río
anoche –dijo-. A ambos lados, lejos, tenía las riberas. No podía escucharme.
Iba llevando barcos. Los llevaba y los traía. Eran siempre los mismos pañuelos
en el puerto. La misma prisa por partir, la misma prisa por llegar. Fue una
lástima. No vi una sola sirena; siempre vi peces; nada más que peces. No me
gustó ser río.
Y el sapo se
fue. Volvió a la huerta y descansó entre cuatro palitos que señalaban los
límites del perejil.
Esa tarde el
sapo dijo:
-Esta noche
voy a soñar que soy caballo.
Y al día
siguiente contó su sueño. Más de trescientos sapos lo escucharon. Algunos
vinieron desde muy lejos para oírlo.
-Fui caballo
anoche –dijo-. Un hermoso caballo. Tenía riendas. Iba llevando un hombre que
huía. Iba por un camino largo. Crucé un puente, un pantano; toda la pampa bajo
el látigo. Oía latir el corazón del hombre que me castigaba. Bebí en un arroyo.
Vi mis ojos de caballo en el agua. Me ataron a un poste. Después vi una
estrella grande en el cielo; después el sol; después un pájaro que se posó
sobre mi lomo. No me gustó ser caballo.
Otra noche
soñó que era viento. Y al día siguiente, dijo:
-No me gustó
ser viento.
Soñó que era
luciérnaga, y dijo al día siguiente:
-No me gustó
ser luciérnaga.
Después soñó
que era nube y dijo:
-No me gustó
ser nube.
Una mañana
los sapos lo vieron muy feliz a la orilla del agua.
-¿Por qué
estás tan contento? –le preguntaron.
Y el sapo
respondió:
-Anoche tuve
un sueño maravilloso. Soñé que era sapo.
FIN
POESÍA: POBRE CABALLITO
Pobre caballito, caballito blanco.
Colita
rabona, barriga de trapo.
Pobre
caballito que está fatigado
de
andar todo el día siguiendo los pasos
de este
niño mío que se ha desvelado.
Pobre
caballito, caballito blanco.
Ojitos
de vidrio, patitas de palo.
¡Mira
cómo quiere dormir en tus brazos!
¡Cómo
pide el pobre caballito blanco que tengas, mi niño,
los
ojos cerrados!
Colita
rabona, barriga de trapo.
Duerme,
que ya el pobre caballito blanco
buscó
por almohada tu pecho rosado.
No te
muevas, hijo, vas a despertarlo.
Ojitos
de vidrio, patitas de palo.
FIN
POEMA: EL GALLO PINTO
Pintín Pintonero
pitando en un pito,
me dijo una tarde
que era el Gallo Pinto,
el de la cresta roja,
el del largo pico,
plumas de colores
y cuerpo chiquito.
—Pintón Pintonero
del buen Gallo Pinto
¿quiénes son los padres?
—Pintores de oficio
y con muchas pintas
pintaron al hijo.
—¿Quién es la madrina?
—Quién es el padrino?
—Una bataraza
y un gallo vecino.
—¿Se hizo mucha fiesta
cuando fue el bautismo?
—Se bailó tres noches
a orillas del río.
Por piano una rana,
por violín un grillo.
La luna en un árbol,
la madre en el nido.
-Pintín Pintonero,
¿canta el Gallo Pinto?
—El canto que canta
yo pito que pito
FIN
Pintín Pintonero
pitando en un pito,
me dijo una tarde
que era el Gallo Pinto,
el de la cresta roja,
el del largo pico,
plumas de colores
y cuerpo chiquito.
—Pintón Pintonero
del buen Gallo Pinto
¿quiénes son los padres?
—Pintores de oficio
y con muchas pintas
pintaron al hijo.
—¿Quién es la madrina?
—Quién es el padrino?
—Una bataraza
y un gallo vecino.
—¿Se hizo mucha fiesta
cuando fue el bautismo?
—Se bailó tres noches
a orillas del río.
Por piano una rana,
por violín un grillo.
La luna en un árbol,
la madre en el nido.
-Pintín Pintonero,
¿canta el Gallo Pinto?
—El canto que canta
yo pito que pito
FIN



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